martes, 8 de diciembre de 2015

Ausencia. Recuerdo

Mireia no está conmigo físicamente. Noto su ausencia todos las semanas, todos los días, todas las horas, minutos y segundos. Es un vacío en el alma y en el corazón que duele. Una ausencia dolorosa. Desgarradora. Pero en mi mente, en mi cabeza, está su recuerdo.
La echo tanto de menos que no hay consuelo. Hay momentos que son duros y otros, con la soledad, son desgarradores. El dolor es brutal. Agobiante. La tristeza la respiro hondo. Noto su falta en cada poro de mi piel. Lo que no tengo es pena. No creo que haya que sentir pena por la muerte de Mireia porque los doce años de vida que me dio fueron sencillamente excelentes. Los mejores de mi vida. Doce años en los que mi hija me enseñó a ser padre, a querer, a amar, a cuidar de alguien, a ser feliz...me enseñó a ser persona. Yo intentaba educar y criar a mi hija lo mejor posible, y creo, sinceramente, que hice un gran trabajo con la espectacular ayuda de su madre, pieza básica.

Cada instante de esos doce cortos años de su vida fueron brutales. Y esos recuerdos son el antídoto de su ausencia. Esos recuerdos son parte de la razón por la que seguir tirando para adelante. Esos recuerdos son los que tengo y son con lo que me quedo. Pero extrañamente, o no, ni quiero ni puedo olvidar ese mes de septiembre. Sin duda el peor mes de mi vida.

Mireia no está conmigo físicamente. Me acuerdo de su nacimiento, de su voz, de su risa contagiosa, de su sonrisa, de su mirada, de sus chistes (que malos eran), de sus gestos, de su amor a todos, de su felicidad. Me acuerdo de verla y oírla jugar con sus muñecos o de ponerse sus disfraces. Mi princesa.
Me acuerdo de sus rabietas y sus pataletas de cuando era niña y de ahora, siendo una preadolescente. Me gustaban y me reía cuando con su madre las comentábamos.
Me acuerdo de cómo hacía los deberes y de preguntarle la lección. Me acuerdo que siempre había que ver en la televisión sus programas y series o de poner su música en el coche.
Me acuerdo de levantarla a las 8 de la mañana para ir al colegio. Y de ir a buscarla por la tarde y cuando salía, siempre de las últimas con sus amigas, de decirme "hola papi" y me daba ese besito que me sabía a gloria bendita.

Sus recuerdos está presentes. Están conmigo. Siempre estarán.

Me acuerdo que de bien pequeña no quería dormir la siesta y yo le hacía el poder de los pulgares. Ni con esas . Me acuerdo que solo le gustaban los potitos "Hipp", de cómo se tomaba su San Francisco en verano o como le gustaba la carne, "poco hecha", decía. Comía de todo menos la fruta, que solo la comía con su tía Bárbara.

Me acuerdo de todos los veranos y de ir La Pineda. "Ya irás a otro sitio cuando ya no vaya contigo de vacaciones porque me iré con mis amigas" me decía cada vez que le proponía ir a otro lugar de vacaciones. Me acuerdo de ir a Port Aventura todos los veranos y de subirnos juntos a todas las atracciones. "Yo me subo con mi padre". Me acuerdo de ir a esquiar.
Me acuerdo de llevarla conmigo a casi todos los sitios, incluso a hacer visitas de trabajo.

Me acuerdo de llevarla a montar a caballo. Yo lo pasaba mal pero ella era feliz con sus amigas y sus caballos. Me acuerdo de llevarla al tenis.
Me acuerdo de ir a Bilbao a ver el musical de "Patito Feo" y esperar más de dos horas a que saliera la protagonista porque quería un autógrafo. Me acuerdo de ir a Barcelona a ver "Violetta" al Palau Sant Jordi y ver su cara de felicidad. Se sabia todas las canciones (y yo casi)

Me acuerdo de sus obras de teatro, de sus exhibiciones de gimnasia rítmica, judo, francés o patinaje. Disfrutaba de todo lo que hacía.
Me acuerdo cuando ponía su "cara fea" y me asustaba. O cuando se maquillaba y me preguntaba "¿me he pintado como una puerta?" Me acuerdo cuando se le cayó el primer diente, y el segundo...

Me acuerdo del día a día. De poner la mesa para comer o cenar. De sus duchas. De dormir conmigo. El día a día. Me acuerdo de sus llamadas para decirme las notas de los exámenes o para decirme hola. Me acuerdo de tus whatsapp.

Me acuerdo de todo. Podría escribir cientos de recuerdos. Miles. Millones. Todos positivos, aun cuando la reñía.

Noto su ausencia. Se nota y mucho. Es un vacío inmenso. Lloro mucho porque no está conmigo físicamente. Se me rompe el alma. Pero tengo su recuerdo, su presencia en mi cabeza, y eso nunca se me olvidará ni nadie podrá arrebatármelo.

Mireia, cariño, tu recuerdo es el antídoto a tu ausencia.

#MireiaTeQuiero

7 comentarios:

  1. Un abrazo muy fuerte amigo
    Siempre Mireia ❤❤

    ResponderEliminar
  2. Es cierto su recuerdo ha de darnos fuerza,pero también es cierto que se nota tanto su falta, cada día acude a mi cabeza como un mazazo el pensar que ya no está .

    ResponderEliminar
  3. tantos recuerdos y tan nítidos, solo son posibles con una convivencia tan rica y feliz como la que teníais tanto tu Sergio como Merche y a esos recuerdos hay que darles su espacio ....aunque sean recurrentes y aunque a veces os duelan, la mayoría son tan bonitos que la sonrisa llegara. Mucha fuerza....❤️❤️

    ResponderEliminar
  4. Dulces recuerdos. La vida es más bonita pensando en ella, porque no soy capaz de recordarla sin que estuviera sonriendo.

    ResponderEliminar